Ayer tuve mi segunda visita con el médico digestivo y parece que, hasta dentro de unos meses, va a ser la última. Él lo tenía bastante claro y yo...me he quitado un pequeño peso de encima. Tras resultados de análisis y meditar todos los síntomas, el diagnóstico ha sido: INTOLERANCIA AL GLUTEN, pero no Celiaquía. Es decir, que según el doctor, soy intolerante o alérgica al gluten, pero no es una "alergia pura" como lo sería una persona celiaca. Esto implica que tengo que seguir la dieta sin gluten para toda la vida, pero que no tengo que preocuparme si en alguna ocasión tomo algo de gluten. El consumir gluten me provocaría alguna alteración, pero más bien malestar e irritabilidad (a nivel del intestino y de la piel), pero no me provocaría mayores problemas fisiológicos. Por tanto, seguiré la dieta como hasta ahora (llevo ya casi 3 meses), pero más relajada en cuanto a que sé que un consumo esporádico no puede causarme ningún mal mayor.
Tras estos tres últimos meses centrada leer, hablar, preguntar...sobre una alimentación sin gluten, necesito descansar y...hablar, leer, preguntar de otros temas que no sean ese. Por que un cambio tan radical en la vida (aunque sólo sea la alimentación, es un cambio de 360 grados), requiere pasar un periodo de adaptación, en el que el tema principal en tu mente es ese. Pero llega un momento en el que esa etapa la vas pasando, te vas relajando, lo vas aceptando y vuelves a centrarte en otras cosas y normalizas el tema de la alimentación. Ahora ya lo he interiorizado tanto que cuando como ya no tengo que poner esa atención inicial de "a ver...voy a comer, ésto lleva gluten o no?...y esta otra cosa?...". Ya es un proceso natural y aceptado. Además, el bienestar de mi cuerpo es tan grande que se hace mucho más fácil comer así.
Bueno, después de esta nueva etapa de relajación ante el lema "SIN GLUTEN", seguiré hablando de otras cositas varias que irán apareciendo en el camino de la vida.
¡Hasta muy pronto!
jueves, 13 de mayo de 2010
martes, 11 de mayo de 2010
¿Cómo se pueden querer tanto?...

Con esos ojitos, esa boquita, esa carita... No, no estoy hablando de un bebé (aún no he pasado por esa experiencia, aunque ya me imagino que debe ser lo que más se quiera en el mundo).
Mi pregunta completa es: ¿cómo se pueden querer tanto a los animales?... Es impresionante el cariño que se les puede llegar a tener.
En mi caso, el protagonista en cuestión es un lindo gatito llamado Tito (sí, el nombre viene de gatito), el cual me acompaña desde hace ya 7 años. Desde el primer instante en que lo vi ya sentí pasión por él. Además, llegó en un momento muy especial. Yo estaba pasando una mala rachita y mis padres me dieron una de las mayores sorpresas de mi vida. Entré a la cocina y ahí estaba él esperando sorprenderme. Esa bolita chiquitita de pelo me miró a los ojos y yo no me podía creer lo que estaba viendo. Me eché a llorar y lo abracé con todo el amor del mundo.
Siempre he tenido una debilidad especial por los gatos, pero el protagonista del que hablo me robó el corazón desde el primer día. Hoy estoy escribiendo esto porque, este fin de semana pasado, he sufrido en mi propia piel la sensación de haberlo perdido dos días enteros, pensando que ya no volvería a verlo. No puedo explicar la sensación que tenía, pero era de real angustia. Lloré con todas mis fuerzas y pasé una noche llamándolo entre sueños. Afortunadamente, todo eso se disipó tras su aparición a la mañana siguiente. No voy a explicar el por qué de su desaparición, porque no tengo detalles concretos, ni pruebas para justificarlo, pero...sólo diré que estaba en casa de otra persona, en una habitación bajo llave... Hasta ahora no se ha conocido aún ningún caso de gatos que abran y cierren puertas con llaves ( y menos si la llave estaba al otro lado...).
Bueno, me quedaré con la alegría y el buen sabor de boca que mi querido Tito va a seguir acompañándome.
¿Cómo se pueden querer tanto?... ¿Cómo alguien puede ser capaz de hacerle daño a un animal?...
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