
Con esos ojitos, esa boquita, esa carita... No, no estoy hablando de un bebé (aún no he pasado por esa experiencia, aunque ya me imagino que debe ser lo que más se quiera en el mundo).
Mi pregunta completa es: ¿cómo se pueden querer tanto a los animales?... Es impresionante el cariño que se les puede llegar a tener.
En mi caso, el protagonista en cuestión es un lindo gatito llamado Tito (sí, el nombre viene de gatito), el cual me acompaña desde hace ya 7 años. Desde el primer instante en que lo vi ya sentí pasión por él. Además, llegó en un momento muy especial. Yo estaba pasando una mala rachita y mis padres me dieron una de las mayores sorpresas de mi vida. Entré a la cocina y ahí estaba él esperando sorprenderme. Esa bolita chiquitita de pelo me miró a los ojos y yo no me podía creer lo que estaba viendo. Me eché a llorar y lo abracé con todo el amor del mundo.
Siempre he tenido una debilidad especial por los gatos, pero el protagonista del que hablo me robó el corazón desde el primer día. Hoy estoy escribiendo esto porque, este fin de semana pasado, he sufrido en mi propia piel la sensación de haberlo perdido dos días enteros, pensando que ya no volvería a verlo. No puedo explicar la sensación que tenía, pero era de real angustia. Lloré con todas mis fuerzas y pasé una noche llamándolo entre sueños. Afortunadamente, todo eso se disipó tras su aparición a la mañana siguiente. No voy a explicar el por qué de su desaparición, porque no tengo detalles concretos, ni pruebas para justificarlo, pero...sólo diré que estaba en casa de otra persona, en una habitación bajo llave... Hasta ahora no se ha conocido aún ningún caso de gatos que abran y cierren puertas con llaves ( y menos si la llave estaba al otro lado...).
Bueno, me quedaré con la alegría y el buen sabor de boca que mi querido Tito va a seguir acompañándome.
¿Cómo se pueden querer tanto?... ¿Cómo alguien puede ser capaz de hacerle daño a un animal?...


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